23/1/13

Se trata de construir estructuras de apoyo, que además nos permitan a cada cual hacer lo que nos gusta hacer.


LA SALIDA A LA CRISIS ESTÁ EN EL NUEVO PARADIGMA ECONÓMICO EMERGENTE

Jonathan Dawson director del área de Economía del Schumacher College y Gaia Education, es experto en estrategias económicas innovadoras. 

En medio de las fuertes turbulencias que atraviesa nuestra sociedad, Dawson apuesta por devolver la economía al control democrático y hacerla más inclusiva. Además, nos invita a preguntarnos cómo podemos movilizar los talentos de los jóvenes que ahora mismo no están trabajando. Lamenta que este sector de nuestra sociedad, uno de los más innovadores, sea desaprovechado.

Como Director del Area Ecónomica de Schumacher College y de Gaia Education, ¿cuál es tu análisis de la crisis actual?
Existen paralelos entre este momento y crisis previas que ha sufrido el sistema desde la Revolución Industrial. La última vez fue la Gran Depresión de finales de los años 20-principios de los 30, que fue un periodo de gran confusión, cuando algunas personas se enriquecieron enormemente mientras se incrementaba el paro, las monedas soberanas peligraban… Un punto en común entre ambas opino que es la transición de una forma de tecnología y producción dominante a otra. En la crisis del 29, de la artesanía hacia los modos de producción en masa,  y había tanta confusión porque empezaba a verse el emerger de esos modos de producción, pero aún tardaría en verse su asentamiento. Hoy en día, vemos la lucha entre el modelo del siglo XX, altamente centralizado y a gran escala (no sólo en las corporaciones sino en todo tipo de organizaciones: partidos políticos, iglesia, sindicatos – todos ellos con modelos centralizados de “comando y control”) … y el nuevo modelo que está emergiendo, alimentado por el poder de internet, que permite compartir información y desarrollar formas de organización mucho más dispersa y a pequeña escala, tanto para empresas como para partidos políticos, gobiernos, organizaciones…  Se trata de una batalla por la supremacía entre el modelo del siglo XX y el del siglo XXI. Y si se parece al periodo de crisis de los años 20-30, tardaremos un tiempo en ver lo que sucede.
La gran diferencia entre ahora y entonces, es que entonces quedaba mucho territorio y muchos ecosistemas por descubrir y explotar. Hoy, nos estamos topando de bruces con los límites de la capacidad de carga del planeta. Cada dólar que araña la economía global es a costa de las personas más pobres  y de otras especies. Se trata de un momento sistémicamente mucho más grave ahora, precisamente porque la economía es un sub-sistema de la ecología, y la ecología está al límite mucho más que nunca.

¿Podemos confiar en nuestros gobiernos para guiarnos en esta situación de crisis sistémica, que además topa con límites ecológicos?
Por desgracia, no… ya que la democracia tal como la conocemos, y es terrible tener que decir esto, está mal equipada. La realidad es que los gobiernos, que esperan ser re-elegidos cada 4 ó 5 años, no van a tomar las decisiones estructurales que en realidad son necesarias para responder a la naturaleza del problema. Casi por definición, las personas dentro de esos partidos están totalmente absortas en ese sistema que hay que cambiar. Necesitamos líderes radicales (en el sentido de “distintos a lo establecido”) que puedan trascender esos sistemas, necesitamos cambios muy grandes… Hay algunos indicios de tal innovación radical, pero se ven de momento muy superados por el greenwashing (el lavado de cara con etiqueta verde), tanto de partidos políticos como de empresas. Esto se vio claramente en momentos como la Cumbre sobre el Clima en Copenhague.
Hay una inercia y un conservadurismo en el sistema por naturaleza, y es que en su mismo diseño está el hecho de que los partidos que llegan al poder son parte del sistema que está causando la crisis. La única parte del mundo donde el proceso político parece ser una fuente de inspiración y cambio es Latinoamérica, donde gobiernos como los de Ecuador o Bolivia han otorgado estatus y protección legal a la Madre Tierra. Las gentes indígenas están proponiendo enfoques e ideas muy interesantes… pero fuera de ello, está sucediendo bien poco que esté respondiendo a la naturaleza real del problema.
En España veo mucha innovación, pero ninguna que venga del Gobierno, corrígeme si me equivoco…
Ojalá pudiera… ¿Y qué pueden hacer los jóvenes españoles desempleados y frustrados?
Buena, hay toda una nueva cultura desarrollándose en torno a la tecnología “open source”, de código abierto, que supone compartir información y procesos de creación. El punto es encontrar cuáles son las herramientas emergentes del siglo XXI, y resulta que los jóvenes son los más conectados a internet y quienes más conocen estas tecnologías, al contrario que los sistemas de gobierno y empresa actuales.
La necesidad es la madre de la inventiva, así que existe ese rayo de esperanza. Gran parte de los jóvenes europeos se ven ahora excluidos del mercado laboral y de las mesas de decisión, y no es algo que les deseo a los jóvenes, pero es probable que tengan que crear sus propios mercados y sus propias mesas de decisión. Y creo que están mejor capacitados que nadie para hacerlo. Intuyo que los jóvenes se sentirán cada vez más desplazados y enfurecidos, y que, mientras algunos manifestarán eso de forma violenta, otros canalizarán su creatividad hacia formas completamente nuevas de negocio, de arte, de organización… que en realidad será lo que nos salve.
Observo que hay una parte del sector privado exitosa y floreciente, que construye ordenadores, aviones, puentes y cosas así… pero que será cada vez menos capaz de dar empleo a nuestros jóvenes.
Lo que resulta interesante es que, como contrapartida, en ciertas partes del mundo, como el Norte de Europa, más que en otras, está emergiendo el fenómeno de la empresa social: gente que en el pasado se hubiese conformado con un empleo aburrido en una gran empresa están creando pequeñas empresas y organizaciones que se dedican a la silvicultura sostenible, a la construcción de casas energéticamente eficientes, al cuidado de ancianos, a producir, procesar y vender alimentos sanos, etc. Pero una de las grandes tareas ante nosotros es desarrollar mecanismos de intercambio democráticos que permitan a estas empresas comerciar entre sí sin utilizar la moneda de la economía capitalista dominante.
La pregunta es si podemos – ¡y es que debemos! – encontrar maneras (e internet es una gran herramienta para ello) que permitan que las empresas innovadoras, creativas, guiadas por valores, que están siendo creadas por los jóvenes, puedan seguir proveyendo servicios dentro de una economía basada en valores morales, utilizando distintos mecanismos de intercambio aparte de los que están al servicio del euro.  Hay muchísimo espacio para la creatividad en este juego.
Volviendo a España, si viniese un extraterrestre y viese este país ahora y hace cinco años, no podría detectar la diferencia: la gente es la misma, sus talentos son iguales o mayores, el territorio es el mismo, el clima ha variado un poco… pero esencialmente todo está igual, excepto la crisis de la que nos hablan en los medios, que infunde temor.
Resúmenos entonces cuáles son esas tendencias económicas y laborales que detectas…
En mi opinión, convergen ahora dos economías claramente distintas: una que sigue basada en la maximización de beneficios para los accionistas, en la innovación tecnológica, en mejorar la rentabilidad a través de la sustitución de personas por máquinas – pero esta supondrá una proporción cada vez menor de la economía total. La economía paralela que emerge está formada por gente implicada en actividades ecológica y socialmente útiles, guiadas por valores, conectados a sus lugares de actividad y sus comunidades – personas que necesitan hacer esto porque ya no pueden encontrar empleo en el sistema dominante. Para mí es fácil decir esto, con un empleo casi fijo y un sueldo razonable, pero me pregunto si no miraremos atrás a este momento en la Historia como una bendición que nos obliga a ser creativos ante un sistema que está claramente en colapso y que puede causar el colapso del planeta.

Gran parte de nuestra economía, y lo digo con todo respeto, es muy chic – está basada en servicios y productos que no son realmente necesarios.  Si tuviéramos que sobrevivir en base a lo que uno puede encontrarse en las calles de muchas ciudades… ¡seríamos mucho más delgados, para empezar! Parte del reto actual es saber si podemos resistir un colapso económico como el de 1929. En ese momento, había gente pasando hambre y durmiendo sobre cartones, mientras en el otro lado de la ciudad se tiraba leche a la calle porque no había mercado para ella. Nuestro visitante extraterrestre diría: ¡estáis locos!
Creo que lo que estamos haciendo es depender de un monocultivo económico (no digamos ya en Mallorca, que depende totalmente del turismo), de forma que si la economía colapsa, no hay forma de poder seguir apoyándonos unos a otros. Necesitamos empezar a diversificar nuestras economías, para proveer cosas que realmente son necesarias – a partir de ahí crear unos sistemas de intercambio que vinculen a las personas será mucho más fácil.

¿Cuáles son los sectores en auge ahora mismo?
Bueno, para empezar, la asignación de fondos es uno de los puntos críticos. Casi todo el dinero está siendo manejado por los bancos, y ellos, por definición, invierten en las actividades que generan más beneficios. Así que el reparto de fondos está yendo en su gran mayoría a financiar auténtica basura. Tan solo el 1% de los productos que se generan siguen en uso 6 meses después, lo cual indica lo ineficiente que es todo el sistema. El taladro medio se utiliza durante un total de 12 minutos. ¿Necesitamos uno en cada casa? Sin embargo, actividades realmente útiles socialmente son cosas como cultivar comida sana y nutritiva, procesarla en forma de sabrosos alimentos, cuidar de nuestros mayores, dar una buena educación a nuestros niños, cuidar de nuestros bosques… Pero esto no da beneficios en el sentido convencional de la palabra. A la hora de plantearnos en qué sector introducirnos laboralmente, en lugar de preguntarnos cuáles son los sectores que están dando mayores beneficios, deberíamos preguntarnos si hay trabajo importante que tiene que hacerse. Y la respuesta es un sí rotundo. Parece que ahí no es donde se creará empleo, pero eso es porque no es donde están siendo dirigidos los recursos, porque son los bancos quienes los manejan. Así que podemos ir más allá, a la raíz de ese punto crítico, y cuestionar si hay formas en que podamos re-democratizar el proceso de asignación de recursos financieros. Algo que está sucediendo cada vez más, al menos en algunas partes del mundo, es la creación de estructuras cooperativas que permiten unir nuestras finanzas y utilizarlas colectivamente para crear empresas e iniciativas que sean socialmente útiles y creen riqueza real. España tiene el ejemplo de la Cooperativa de Mondragón, que aunque ha variado con el tiempo, fue un excelente modelo de desarrollo empresarial cooperativo. También están desarrollándose las plataformas de crowdfunding, a través de las cuales mucha gente puede poner pequeñas cantidades de dinero para hacer realidad proyectos que les parezcan útiles.
¿Y cuál puede ser el rol de las instituciones públicas en esta economía emergente?
Existe el excelente ejemplo de Curitiba en Brasil, donde desde el Ayuntamiento se hicieron la siguiente y muy inteligente pregunta: ¿cuáles son las necesidades de nuestra comunidad que no están siendo cubiertas, y cuáles son los recursos de nuestra comunidad que están siendo infra-utilizados? Entraron en un amplio proceso que empezó por pagar a la gente de las favelas para que recogieran las basuras que los camiones no podían entrar a recoger, a cambio de billetes de autobús en el excelente sistema de transporte público local (que estaba siendo infra-utilizado). Se crearon toda una serie de negocios para separar y procesar los residuos, que incluían una planta de compostaje que suministraba a unos huertos que producían alimento… todo ello dando empleo a mucha gente.
Aquí, se trata de ver cómo podemos movilizar los talentos de los jóvenes que ahora mismo no están trabajando, porque son uno de los sectores más innovadores de nuestra sociedad, y solo necesitan un poco de guía para poder canalizar de forma útil y productiva esos talentos. Además, las instituciones públicas locales pueden fomentar una moneda local aceptando que un porcentaje de los impuestos locales sean pagados en esa moneda. Históricamente, esto ha permitido a ayuntamientos seguir prosperando, ofreciendo servicios y creando empleo, en situaciones en las que otros ayuntamientos se veían paralizados. Hay que pensar de forma realmente original, fuera de lo establecido y de lo que venimos haciendo.
¿Cómo puede implicarse la gente de a pie, cómo puede ayudar a que su Ayuntamiento piense de otra manera a como se viene haciendo?
En primer lugar, estudiando cómo otros ayuntamientos han podido transitar por épocas de crisis con éxito. Curitiba en Brasil, Wörgl en Austria… son excelentes ejemplos de ello. Cuando no hay precedentes, es difícil convencer, pero existen estos precedentes y podemos aludir a ellos.
El mayor reto es pensar no ya como individuos, sino en términos de redes y apoyos, en cómo recaudar fondos y administrarlos en proyectos de interés para la comunidad. Debemos unirnos para crear las empresas que necesitan nuestras comunidades. Por ejemplo, no todos tenemos que hacernos hortelanos, pero podemos unirnos entre mucha gente para apoyar a quienes sí saben y están trabajando la tierra, y compartir con ellos tanto las cosechas abundantes como los riesgos de un mal año.  En lugar de hacernos auto-suficientes, se trata de construir estructuras de apoyo, que además nos permitan a cada cual hacer lo que nos gusta hacer. Debemos preguntarnos cada uno: ¿qué me gusta hacer realmente, y cómo podría esa función añadir valor al mosaico de actividades necesarias en mi comunidad?
La tarea de participar en la creación de una nueva economía social y comunitaria no es fácil, que nadie se engañe. El primer paso no es necesariamente crear una empresa, sino preguntarse qué es lo que mi corazón siente que falta en mi comunidad, que no va bien o que debería mejorarse. Qué anhelo ver… y preguntarme si ahí puede esconderse una oportunidad de negocio. Existen muchas oportunidades para crear soluciones a nuestros problemas. Se requiere innovación, y no pensar tan solo en términos de los empleos y funciones que ya existen en el sistema, sino ser mucho más creativos y pensar fuera de lo establecido.
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Jonathan Dawson de Gaia Education y Schumacher College impartirá un curso sobre Economía para la Transición hacia un nuevo mundo, en Madrid el 26 y 27 de Enero. También se puede participar online, desde cualquier lugar. Más información aquí.

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